Sueñas ese momento de mil maneras. Lo piensas de varias formas, el cómo, y el cuando.Y al final, un día va y sucede. Tras tres intentos, y es que a la tercera va la vencida. Y por muchas cosas que piensas en decir, te quedas prácticamente sin palabras y hasta te comienzas a marear. Y cuando ocurre te das cuenta de que no tiene ni pies ni cabeza, que no es posible. Que ese que viene hacia a ti es muy alto, más de lo que aparece en la tele y en las fotos.
Que ese que está ahí no es él, es otro que se le parece. Quien en esos instantes posa su mano en tu espalda. Quien te está sonriendo a ti no es él. Tratas de convencerte de que no es un sueño más. Él esta a tu lado,de frente con tu cámara de fotos, que está agachado porque es demasiado alto. Ese lugar donde te encuentras...con él tras verle esa misma mañana entrenar, tras madrugar a las siete de la mañana para coger el metro y ver a tus amigos, los mismos que hicieron realidad un sueño de cuatro años, los mismos que me abrazaron bien fuerte mientras lágrimas y lágrimas caían de mis ojos.
Y piensas: “ya está, lo he conseguido”. Y sientes una sensación indescriptible, incomparable, y abrazas con fuerza su camiseta, que ya está, ya pasó, atrás las críticas, atrás a los lameculos y la gente que le aclamó en su día por salvar aquel gol fantasma, atrás aquellas famosas preguntas de ¿y por qué él en vez de otro?
Es que es todo tan increíble. No hay palabras. Han pasado ya quince días de ello, y todavía sigo pensándolo, todavía sonrio cuando al abrir el armario mi vista se fija en esa firma tan bonita..
Prometo, seguir siguiéndote estés en el Madrid como si te vas a la China a jugar, prometo estar ahí.
Por que nadie más que yo estuvo ahí cuando miles de criticas eran lanzadas hacia ti.
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