Dudo que alguien triunfa por su buena suerte. Los envidiosos siempre existirán, harán ruido, pero su amargura tarde o temprano los hace pudrirse. Al final, cada persona está exactamente donde debe estar. Todos somos la suma de nuestros actos.
Tampoco es que para ganar hay que ir en oposición del mundo entero. No lleves las cosas a los extremos. Para triunfar, hay que remar contra la corriente de los mediocres que te quieren ver hundido.
No es tan difícil de entender. Debes tener un código de vida, identificar a los que te quieren ver triunfar y unirte a ellos. Sé que hoy en día se corta la libertad y de no obedecer a nadie, pero todos obedecemos a alguien, todos. El que no obedece las normas de la sociedad o de la familia, obedece las normas de sus amigos, de sus vicios, de sus necesidades creadas y dañinas.
Que soy alguien ya recuperada,no sabía que hacer a las presiones de mi interior. Les obedecía a ellos,a mis males, a mis miedos y, cuando me di cuenta, mi libertad se había convertido en prisión.
La vida me enseño a estar en contra, contra los fracasados que utilizan otras cosas y se obstinan en que las usen otros. Todo aquel que insiste una y otra vez para que hagas algo que te daña, lo hace cada vez dañandose más y más, contaminándose y pudriendo hasta el más infinito rincón de su ser. Y llegando a un lugar de donde no podrá salir.
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