He muerto
miles de veces
y he resurgido
como un fénix
de sus cenizas.
Sólo que las mías,
son de colillas apagadas,
por las lágrimas incendiadas.
Somos idas y venidas
vueltas de tuerca,
salidas a destiempo,
a destajo, cumbres
derrumbadas.
Algo efímero.
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