A ti, por estar a mi lado desde
que abro los ojos queriendo romper el despertador que me ata a los quehaceres y
obligaciones. A ti, que estás para arroparme con una frase, un estribillo o una
melodía adecuada para cada sentimiento y a su vez lo va sanando. Porque tú no
me haces daño, me llenas. A ti, por no señalarme cuando otras personas me
sentenciaban, por no pedirme nada a cambio decidí entregarte mi respeto, mi
admiración y mi más sincera fidelidad como los perros con sus dueños. Tú, que
siempre has estado ahí cuando me encontraba sola tras una despedida en el
aeropuerto. Tú, que calmaste mis lágrimas para decirme “tranquila, estoy aquí,
no puedo hablarte pero puedo animarte, no puedo hacer que respires pero sí que
contengas la respiración, yo sólo te daré un modo aleatorio, diversos grupos
musicales de diferentes géneros o del
mismo. Seca tus lágrimas y disfruta del silencio.
Ahorra dinero y álzate a tus
sueños. No importan las horas que tengas que esperar en la calle para verles: el
frío y el calor, son agentes externos al material del que están hechos los
sueños, también son ajenos a la ilusión, a la esperanza y a las ganas de seguir
luchando, de seguir hacia adelante; todo por poder agradecer en persona los
sentimientos que han despertado en ti, los que nunca mueren, y los que resisten
para no irse jamás.
Decían: “nunca les verás, nunca
lo conseguirás” “para ellos no eres nadie porque no saben de tu existencia”,
aquel 18 de noviembre fue muy diferente a todos los fríos y duros inviernos. Me
desperté pronto para subirme al metro camino a un concierto que hasta, diez
horas más tarde no se daría. Y esperé, y volvería a hacerlo, volvería a pelear
por ellos, por conseguirlo, porque me han mantenido de pie cuando casi me caigo
y cuando me he caído me han tendido la mano casi sin saberlo. Desde los 14 años
he afrontado numerosos problemas con unos cascos en mis oídos, droga musical en
vena auditiva. Ojalá todas las personas pudiesen conocer esas sensaciones, es
como estar en las nubes y, aún sabiendas de que no te vas a caer. Es como
flotar sin necesitar nada que te mantenga porque lo que te mantiene está a
menos de un metro de ti.
Y te das cuenta, de que al igual
que tú, ellos también son de carne y hueso, reales, mágicos y especiales, tanto
o más desde la primera vez que vinieron a mi vida. Escribo como método de
evasión, para liberar las tensiones de mi alma, para desahogarme conmigo misma,
para poder seguir siendo fuerte. Porque pese a todo, sé que ellos nunca me
abandonarán.
Hoy, a mis diecinueve años puedo
decir, que la música es el mejor oxígeno, el mejor motor, músculos,
articulaciones y huesos que puedo tener. Porque “si no vives por una razón,
morirás por nada”.
Mis razones, mis sentimientos,
mis ganas de continuar, mi apoyo constante aunque no estén aquí.
Matt Nicholls, Jordan Fish, Matt
Kean, Lee Malia y Oliver Sykes. Daros las gracias se queda corto al igual que a
Impericon por hacer que pueda conectar con ellos gracias a su variedad a la
hora de poder escoger el merch para poder llevármelo al concierto.
Fotografías
tomadas por mí misma en el día del concierto,
18 de noviembre del 2013.
Sala Arena, Madrid, España.
No hay comentarios:
Publicar un comentario