haz que merezca la pena sentir a veces cómo nos atala cuerda de la distancia. Que yo, escalé en su día.
¿La volvería a escalar? ¿Escalaría a través de ella?
Nunca he sido de mirar hacia atrás. Todo por una mano
que me agarre, que me coja y que me abrace, que rodee
sus brazos en mi cintura como iones y electrones. No poder
despegarme, ser tu carga positiva y la negativa también.
Tampoco he sido nunca de ciencias, pero sé que estamos
haciendo la fórmula acertada en esto de querenos, de apreciarnos.
Sentirte, y notar enero en la cima. Pero mirando desde la cumbre
y no desde abajo.
Aunque a su vez, me desconciertas, estás en constante movimento
contigo mismo, con tu mente, con tus sensaciones. Y yo, desde el otro lado
contemplo mi desastre, voy con cuenta gotas por la vida, aunque estoy acostumbrada
y no me asusta. Me asusta que tú me cales, que me conozcas, que sepas cómo soy
en cada aspecto a cada momento. A veces siento que debería alejarme de ti
para poder centrarme en mí. Abandonarte temporalmente para que me eches
de menos, para que aclares qué quieres conmigo o de mí.
La alegría, la esperanza, al ritmo de unos hielos en un cóctel
haciéndose en cualquier bar por la noche.
En esas madrugadas en las que me escribes bebido
diciendo ser consciente de lo que me envías,
expresar todos tus miedos y formas de sentirte
mientras yo estoy dormida.
Durmiendo, pero no contigo.

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