Vivo en un país en el cual se deja mucho dinero en actos militares y por honor a la patria y mientras tando uno de cada tres niños está en situaciones de desnutrición infantil. Y me da coraje, porque si yo tuviese dinero o mis fuentes de ingresos lo suficientemente altas iría yo misma en persona y les ayudaría, porque como profesora que voy a ser me da rabia, ver como unos tienen tanto y otros los cuáles no han hecho nada malo tienen tan poco. Sus padres les trajeron al mundo para que fuesen felices y disfrutasen con inocencia de los pequeños placeres que les aporta la vida, para vivir su infancia y no para preguntar cuándo podrían volver a comer. No, no es justo, vivir en un país con estas condiciones en las que encima se nos considera como un país del primer mundo, siendo Europa y lo peor es que pasan los meses y los años y a los de arriba les da igual, desmienten que existan estos casos porque mientras tanto ellos tienen sus bolsillos y su tripa bien llena con sus menús de 200 euros. No sé qué será del mañana a este paso porque quizás hasta que nos lo quiten también. Dicen que la esperanza siempre es lo último que se pierde pero...
¿y qué pasa cuándo ya no les dan motivos para seguir teniéndola?
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